Qué es la Jornada mundial de la vida consagrada

Qué es la Jornada mundial de la vida consagrada

La Jornada de la vida consagrada reconoce la preciosa contribución de los hombres y mujeres que han elegido consagrar la propia vida a Dios

El 2 de febrero de 2024, a las 17.30, en el sugestivo marco de la Basílica de San Pedro, tendrá lugar la solemne Celebración Eucarística presidida por el Santo Padre Francisco con ocasión de la Jornada Mundial de la Vida consagrada. Un evento particularmente significativo, ya que este año la Misa se enriquecerá con la participación de los miembros del Encuentro Internacional de Consagrados y Consagradas, en preparación del Jubileo de 2025, que tendrá como tema Peregrinos de esperanza en camino hacia la paz. Este encuentro ofrecerá una oportunidad única de diálogo, oración y profundización espiritual para quienes han dedicado su vida a la vocación consagrada.

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La Jornada de la Vida Consagrada es una celebración establecida por la Iglesia Católica para honrar y reconocer la valiosa contribución de los religiosos y religiosas que han consagrado su vida a Dios mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia. Este día, que se celebra anualmente el 2 de febrero, coincide con la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, el episodio evangélico en el que Jesús fue presentado en el Templo según la tradición judía. Esta celebración, establecida en el siglo IV d.C., es de crucial importancia porque representa un punto de conexión significativo entre la historia de Jesús, el Cristianismo y las raíces culturales del judaísmo. En el contexto del Antiguo Testamento, se prescribían normas estrictas y ceremonias precisas tras el nacimiento de un niño en una familia, especialmente si se trataba de un varón. La Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, por tanto, no sólo celebra un acontecimiento específico de la vida de Jesús, sino que también recuerda las profundas raíces en las tradiciones judías, subrayando la importancia de los ritos de purificación y los símbolos de reconocimiento presentes en el Antiguo Testamento.

Pero, ¿cuándo se instituyó la Jornada de la Vida Consagrada? Fue instaurada por Papa Juan Pablo II en 1997 con el objetivo de reconocer el papel fundamental de los religiosos y religiosas en la vida de la Iglesia y expresar gratitud por su servicio. Durante este día, muchos religiosos participan en acontecimientos litúrgicos y retiros espirituales, mientras que las comunidades eclesiásticas suelen organizar iniciativas para mostrar su aprecio y apoyo a los religiosos. La Jornada Mundial de la Vida Consagrada no es sólo un momento de oración solemne, sino una oportunidad para reflexionar sobre la llamada a la vida consagrada y promover una mayor conciencia en la comunidad católica y fuera de ella. Quienes abrazan la vida consagrada no sólo son testigos de la alegría y la gracia divinas, sino que encarnan también el testimonio de comunión.

El elemento distintivo de la vida consagrada es la vida fraterna en comunidad: ésta no es sólo un instrumento para realizar la llamada, sino que representa una auténtica respuesta a la llamada de la vocación, no impuesta, sino libremente acogida. La vida fraterna se convierte así en el vehículo a través del cual la vocación se desarrolla y se realiza en el testimonio compartido de la alegría y del amor de Dios.

Significado de la vida consagrada

La vida consagrada es una forma única de dedicación a Dios manifestada por hombres y mujeres que deciden abrazar públicamente los tres consejos fundamentales: castidad, pobreza y obediencia. Estos principios de vida se definen “evangélicos” porque reflejan la forma de vivir de Jesucristo descrita en los Evangelios. Los hombres y mujeres que abrazan esta forma de vida pueden ser clérigos o laicos, siempre que decidan dedicarse de un modo particular a Dios mediante la profesión pública de los consejos evangélicos. El estado de vida consagrada se funda precisamente en esta profesión pública de los consejos evangélicos, no en la acción apostólica o en la vida común, sino en la imitación de Cristo, en la respuesta a Su llamada. Los consejos evangélicos se convierten en deberes obligatorios sólo cuando se concretan mediante la institución jurídica del voto. Los consagrados no deben confundirse con los miembros del clero, es decir, con quienes han recibido el Sacramento del Orden, independientemente del estado de vida que hayan elegido.

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Quien abraza la profesión de los consejos evangélicos suele vivir dentro de institutos de vida consagrada, sociedades erigidas o aprobadas por la autoridad eclesiástica, compuestas por personas del mismo sexo o mixtas. Los institutos de vida consagrada presentan una distinción entre religiosos y laicos, y a su vez, pueden ser de naturaleza clerical o laica.

Los Institutos Religiosos representan “una sociedad cuyos miembros, según su propio derecho, emiten votos públicos, perpetuos o temporales a renovar cuando corresponda, y llevan una vida fraterna en comunidad”. Los consagrados abrazan un estado de vida que implica una opción radical en Cristo, al servicio del Señor y de la humanidad, siguiendo la intuición profética de sus Santos fundadores. Su misión suele estar orientada por la oración y el servicio a los demás, a través de la acogida de los más frágiles y necesitados.

Los Institutos Seculares se distinguen de los religiosos porque sus miembros permanecen en el mundo, sin la obligación de llevar una vida común. A su vez, pueden ser institutos de derecho pontificio o de derecho diocesano, según hayan sido erigidos por la Santa Sede o por el obispo local. Los miembros de estos institutos se comprometen a vivir los consejos evangélicos, pero en un contexto más flexible de vida común, permaneciendo en sus propias casas. Aun estando en el tejido del mundo, tratan de encarnar los principios espirituales profundos a través de su vida cotidiana.

Cómo y cuándo se celebra la jornada mundial de la vida consagrada

El 2 de febrero de cada año, coincidiendo con la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo.

El vínculo con la Candelaria

El 2 de febrero se celebra también la Candelaria, fiesta que celebra el triunfo de la luz sobre las tinieblas, y que también representa simbólicamente el final de las fiestas de Navidad y el comienzo del tiempo de Pascua. Concebida originalmente como una celebración mariana, en conmemoración de la Purificación de la Virgen María, la fiesta adquirió posteriormente un significado cristológico, centrado en la figura de Jesús y en el reconocimiento de su misión como Salvador del mundo.

Igualmente significativa es la dimensión popular de esta fiesta, atestiguada por proverbios y costumbres arraigados en la transición del invierno a la primavera, que simboliza el 2 de febrero. Entre estos proverbios se encuentran: “No hay que temer la oscuridad del invierno en la Candelaria” y “Por Santa Candelaria, si nieva o si llega el invierno, estamos fuera”. La fiesta de la Candelaria se entrelaza con el triunfo simbólico de la luz sobre las tinieblas, puesto de relieve por la tradición de bendecir y encender velas y cirios. Este rito no sólo ilumina físicamente, sino que también marca un paso crucial, marcando el final de las fiestas navideñas e inaugurando el camino espiritual hacia la Pascua.

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Quizás sea precisamente en este deseo de celebrar la luz por lo que la Candelaria está vinculada a la Jornada de la vida consagrada. La elección de hombres y mujeres por consagrarse a Dios viene dictada por el hecho de saberse amados por Él, hasta el punto de elegir emprender una vida en el seno de una comunidad religiosa. La consagración religiosa les lleva a convertirse para los demás en signo tangible de la presencia del Reino de Dios, anticipo de las alegrías eternas del cielo, alegrías ligadas a la conciencia del consuelo y de la misericordia. Los consagrados experimentan esta alegría por obra del Espíritu Santo y por la certeza del amor divino hacia cada persona.