El Santuario de San Jenaro en Pozzuoli, lugar de culto y peregrinación desde hace siglos para todos los devotos
El milagro de San Jenaro se repite tres veces al año en la Catedral de Nápoles, ante una multitud de fieles que acuden para presenciar la licuefacción de la sangre del Santo. Sin embargo, en Campania existe otro lugar dedicado al culto de este queridísimo santo: el Santuario de San Jenaro en Pozzuoli, junto a la Solfatara, donde tuvo lugar su martirio.

La sangre de San Genaro: cómo y cuándo sucede el milagro
Tres veces al año la sangre de San Genaro mártir, Patrón de Nápoles, se licua milagrosamente.
Cuando era obispo de Benevento, San Jenaro tuvo conocimiento de la detención de su amigo Sosio, diácono de Miseno, localidad situada en el golfo de Pozzuoli. Para manifestarle su apoyo y, al mismo tiempo, ayudar a los cristianos de Pozzuoli, San Jenaro visitó la comunidad cristiana local acompañado por el lector Desiderio y el diácono Festo. Pero Dragoncio, gobernador de Campania, que ya había ordenado la detención de Sosio, hizo detener también a los tres religiosos. Fue en las proximidades de la Solfatara, entonces conocida como Forum Vulcani, donde en el año 305 San Jenaro y sus compañeros fueron decapitados. La Solfatara era considerada por los antiguos como la entrada al Inframundo. En realidad, se trata de la boca de uno de los cuarenta volcanes que forman los Campos Flégreos, la extensa zona de intensa actividad volcánica que comprende los municipios de Nápoles, Pozzuoli, Quarto, Giugliano in Campania, Bacoli y Monte di Procida. La Solfatara se encuentra, en particular, a tres kilómetros del centro de la ciudad de Pozzuoli. En el lugar donde San Jenaro sufrió el martirio se levantó una basílica dedicada al Santo, destruida durante la erupción de la Solfatara en 1198 y reconstruida en varias ocasiones hasta adquirir su configuración de 1584, época en la que se añadió el convento de los Frailes Menores Capuchinos. De la basílica primitiva solo se conserva el antiguo altar, es decir, la piedra sobre la que San Jenaro habría sido decapitado, hoy custodiada en una capilla especialmente dedicada a ella.

Lugar de culto y peregrinación para los devotos del Santo, tanto napolitanos como de otros lugares, el edificio fue ampliado nuevamente durante el siglo XVIII, aunque sufrió importantes daños a causa de un gran incendio y de los frecuentes terremotos, transformándose con el paso del tiempo y enriqueciéndose con mármoles, estatuas y pinturas. Desde febrero de 1945, el santuario fue elevado a parroquia y dedicado a San Jenaro, obispo y mártir, y a los santos Festo y Desiderio, también mártires.
El busto de San Jenaro
En la capilla situada a la derecha de la única nave de la iglesia del Santuario de San Jenaro en Pozzuoli se conservan la piedra sobre la que fue decapitado y un busto del Santo que se remonta al siglo XII. La leyenda cuenta que, durante la epidemia de peste de 1656, que estaba causando numerosas víctimas entre los habitantes de Pozzuoli, el busto fue llevado en procesión desde el Santuario hasta el Anfiteatro Flavio. Mientras avanzaba la procesión, habría aparecido en el cuello del Santo una mancha amarillenta que fue creciendo cada vez más. Cuando el busto llegó al anfiteatro, aquella mancha se había convertido en un enorme bubón, uno de los síntomas característicos de la peste. Ante los ojos atónicos de los presentes, el bubón estalló, desprendiendo un intenso olor a quemado, y sobre el busto solo quedó la mancha, que todavía hoy puede verse por quienes visitan el Santuario de San Jenaro en Pozzuoli. Poco después, la peste desapareció de la ciudad.
Posteriormente, el busto de San Jenaro fue víctima de un acto vandálico por parte de piratas sarracenos, que le arrancaron la nariz con un golpe de cimitarra. Todos los intentos de restaurar la estatua resultaron inútiles, ya que cada nueva nariz terminaba desprendiéndose. Finalmente, unos pescadores encontraron en el mar la nariz original y, al acercarla al busto, esta volvió milagrosamente a colocarse en el rostro del Santo.

La piedra con la sangre de San Jenaro
En la misma capilla donde se conserva el busto de San Jenaro también se encuentra la piedra utilizada como tajo para su martirio. Según la tradición, en los días previos al aniversario de su decapitación, la sangre derramada por el Santo recupera un intenso color rojo rubí que destaca claramente sobre el negro de la piedra. En realidad, la piedra era muy probablemente el dintel de un altar pagano construido varios siglos antes de la muerte de San Jenaro. Análisis recientes han puesto en duda la autenticidad del milagro de la sangre de San Jenaro, afirmando que las supuestas manchas de sangre estarían hechas de cera y pintura roja. Sin embargo, al igual que ocurre con las ampollas de sangre del Santo conservadas en la Catedral de Nápoles, nunca se ha producido un desmentido oficial.
Para los napolitanos, San Jenaro ha sido y sigue siendo el protector que, a lo largo de los siglos, los ha preservado de erupciones volcánicas, terremotos, epidemias y hambrunas. El profundo afecto que sienten por este Santo no teme análisis de laboratorio ni explicaciones científicas, porque el amor y la fe no están obligados a someterse a las reglas de la racionalidad.

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